lunes, 16 de febrero de 2009

Libro I. AMOR Y TINIEBLAS Título I. Cantos de amor y devoción Poema 20: PADRE NUESTRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN EL CIELO? (IV)

IV

VENGA A NOSOTROS TU REINO

¡Deprisa, Señor, no esperes más!...
No esperes más, Señor, a que en el Cielo
brindarnos puedas tantas maravillas,
que dice Pablo tienes preparadas.
¿No podrías mostrar un "anticipo"?
Que "a fin de mes" estamos, y no llega
nuestro escaso salario de esperanza.
Envía alguna luz a nuestros ojos,
algún dulce sonido a nuestro oído.
Te pedimos tu Reino entre nosotros,
para poder llegar hasta tu Reino.
Yo, Señor, soy más bien republicano,
(que “acata la legalidad vigente")
pero sé que en tu Reino, no hay corona,
ni infantes, ni princesas, ni validos,
ni etiqueta real, ni protocolo...
Tu Reino, Señor no es de este mundo,
pero el mundo lo pide, lo reclama.
¿Por qué no se lo das?... ¡No seas tacaño!
Te sobra la salud, siendo la Vida;
la santidad, pues solo Tú eres Santo;
la gracia, sin la cual nada podemos;
la justicia, pues la absoluta impartes;
la paz, de la que tanto carecemos
y el amor que, por esencia, eres.
¿Por qué, para Ti solo, quieres tanto?
¿No ves que el mundo se hunde y se destruye,
porque de él, el hombre, ha hecho su reino,
que es corte de ambición y de egoísmo?
¿Te das cuenta, Señor, que es ya el Infierno?
¿Para qué quieres otro, si este basta...?
¡Dános tu Reino, Señor, dánoslo ya...!
Voto por Ti, exijo un "referendum",
me afilo a tu partido... Pegaré los carteles,
abriré la campaña (sin insultar a nadie)
y, en tu nombre, Señor -sólo en tu nombre-
gobernaré al pueblo, que es tu pueblo.
Y, si aún así, pierdo las elecciones,
y "oposición" tan débil mostrar puedo,
te suplico Señor, por nuestra Madre,
que administra tus bienes sin recato:
tu gracia, a las almas que la buscan
o, sin buscarla, de ella están sedientas.
Justicia, a los que sufren injusticia;
amor a los que desamor padecen
y paz a quien, consigo mismo, en guerra
no puede alcanzar nunca la palma.
Tu Reino celestial, aquí en la tierra.

¡En la Tierra, Señor, danos Tu Reino!


Alphonso CARBAJAL

domingo, 15 de febrero de 2009

Libro I. AMOR Y TINIEBLAS Título I. Cantos de amor y devocióm. Poema20: PADRE NUETRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN EL CIELO? (III)

III


SANTIFICADO SEA TU NOMBRE

¿Y cuál?
Tienes uno, Señor, en cada parte,
como amor el marino en cada puerto.
Discúlpame, si soy irreverente.
Ya me entiendes... ¿Cuál ha de ser tu nombre?
Aquel que yo venere y santifique.
Te llamo... como te llamó mi madre,
pues por ella supe que “existías”,
vivías en el Cielo y... me querías.
Eso era todo. Y no era cualquier cosa.
Mas, ¿cómo te llaman otras madres,
de otros pueblos; sus hombres, sus soldados,
sus jueces, policías, carpinteros,
filósofos, artistas o letrados?
¿También estás Tú allí, en sus escuelas;
también tienen allí "Semana Santa"
y Adviento, Navidad y Epifanía?

¿También juran por Ti en sus tribunales
y juran ante Ti por sus banderas?
Europa, América, Africa y la China,
en el Japón, Corea y en Malasia,
¿todos te llaman por el mismo nombre?
¿El que te dió mi madre es el que vale,
y las cosas que dicen mis doctores
son las que hiciste y no hay otras iguales?
¿Es tu nombre, mi Dios, el verdadero,
y otros dioses acaso no son tales,
ni sus nombres son tu propio nombre,
ni tales nombres son santificables?.
“Tú eres Cristo” -está esrito- dijo Pedro,
y eso mismo me dijo a mí mi madre.
Mas, tienes tantos nombres... ¡Tantos ritos!,
ceremonias, latines, incensarios,
pagodas, mezquitas, abluciones,
sacristías, casullas, campanarios,
minaretes, kaabas, sinagogas,
novenas, procesiones... ¡indulgencias!
¿No bastó con tu Cruz, a todo el mundo?
(Se me olvidaba... ¿Ves?, tomo "partido".
Hay dioses sin dolor, dioses "amables"
que otras madres llevaron con dulzura
al sueño de sus hijos en la tarde.
Se me olvidaba. Tú, no tienes nombre
si sólo la razón ha de avalarme
o, por eso, quizá, todos son tuyos,
maneras diferentes de llamarte).
Mas -si justo santificar tu nombre-
habré de hacerlo en cualquier parte:
En iglesias, pagodas, sinagogas
y mezquitas... Con rabinos, pastores,
sacerdotes e imanes. Todos, todos,
Señor, han de santificar tu nombre.
Si desde siempre eres el que eres...

¡que más te da cuál sea!... ¡En cualquier parte!


Alphonso CARBAJAL

sábado, 14 de febrero de 2009

Libro I. AMOR Y TINIEBLAS Título I. Cantos de amor y devoción Poema 20: PADRE NUESTRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN EL CIELO? (II)

II


QUE ESTÁS EN EL CIELO

¿Y por qué en el Cielo?
¿Acaso no es aquí, sobre la tierra,
donde más de tu amor necesitamos?
¡Si, entre llanto, con lágrimas regamos
el barro que nos hizo de este suelo!
¿Por qué no bajas, Señor, a poner orden
en este maremagnum de miseria,
de dolor, de injusticia, de cruel guerra
que el hombre contra el hombre ha desatado?
Sería maravilla que vinieras
para quedarte, esta vez, entre nosotros.
Al menos, la mayor parte del año.
Que en vez, allá por Mayo, cuando "asciendes"
de verdad en Diciembre "descendieras".
Yo te adorara, mi Dios. El alma entera
pondría junto a Ti. ¿Quién no lo hiciera?
¿Quién no sería justo si pudiera
contemplar a dos palmos la Justicia?
¿Quién no sería amor, si Amor tuviera?
¿Quién no se haría pobre si te viera
en Belén y entre pajas tiritando?
Ya estuviste, lo sé, y te matamos,
mas ahora es distinto, estoy seguro.
Si vinieras, y te viera la gente,
y con ella estuvieras, y a tu paso,
pudiera un ciego ver, andar un cojo,
aunque los muertos no resucitaran,
sería lo de menos. Al contrario,
pues todos, de la muerte se burlaran
teniendo entre sus manos a la Vida
y, en lugar de vivir, morir quisieran.
Mas, ¡tan alto está el Cielo!.. Está tan lejos,
que desde allí difícil es nos oigas
y aquí abajo, más aún, que te escuchemos.
¿De qué vale que vivas en el Cielo,
si en la Tierra nosotros nos matamos?
Tampoco pido tanto -si te fijas-
ni es la primera vez. Ya te advirtieron:
¡“Quédate con nosotros”!... Mas, te fuiste.
Vacíos y desnudos nos dejaste,
tan solo por querer hacernos libres.
Y, ¿lo somos?... ¡Maldita libertad!.
Si de Ti priva, es que no es libertad,
es cautiverio. Que ya lo supo Kant,
aquel hombre pensante, cuando dijo:
“Si Dios está patente, no soy libre”
y por eso, Señor, estás latente.
Mas, te propongo un cambio de inmediato:
Prefiero ser esclavo, si presente
Tú siempre estás, y siempre vas conmigo,
que libre, de tenerte siempre ausente.
Si así no puede ser -y no parece-
te digo hoy, Señor, desde aquí abajo:
¡Perdóname...! Perdona el desvarío,
perdona mi flaqueza y mis ofensas,
que de todas me asusto, con espanto.
Perdóname si te he ofendido tanto,

por estar Tú en el Cielo y yo en la Tierra.


Alphonso CARBAJAL

viernes, 13 de febrero de 2009

Libro I. AMOR Y TINIEBLAS. Título I. Cantos de amor y devoción. Poema 20: PADRE NUESTRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN EL CIELO?" (I)

I


PADRE NUESTRO

Hijos tuyos somos, sí,
pues de Ti procede el Unigénito.
Mas, ¿somos en verdad del hombre hermanos
en el Hombre que vió clavar sus manos
para ser de todos Primogénito?
Hermano yo...
¿De aquél malvado que me robó la fama,
el prestigio, la honra o el dinero?
¿De aquel que me maldice y me persigue
y que todas ha de pagarme juntas?
¿Hermano yo, de aquella mujer zafia,
sucia, torpe, soez y desdentada?
¿De aquel borrachín del bar de enfrente
que ahoga en el alcohol sus resquemores?
Del vecino que nunca me saluda
y llena la escalera de colillas?
¿Hermano yo, de aquel analfabeto
que suma con los dedos y no sabe
Que Niels Borj era de Copenhague?
¿Hermano yo, del que es de otro partido
y le vota, siempre que hay elecciones?
¿Hermano yo del que es de aquella raza,
de aquella religión o de otra tierra,
de otro pueblo o de otro equipo de fútbol?
¿Hermano yo del pobre en su pobreza,
del delincuente, que ha de sufrir cárcel;
del enfermo que gime, y que me asusta;
del sediento, que no tiene agua fresca;
del habriento, que busca en la basura,
quizá un trozo de pan, entre la sombra...
Descuideros, travestis y mecheras,
prostitutas, ladrones y tahures,
los drogadictos y el que tiene el SIDA?...

Señor, esos, ¿son -¡todos!- mis hermanos?
No puede ser, Señor, no estoy dispuesto.
Tú, no serás nunca Padre nuestro,
sino tan solo siempre Padre mío...
Tan sólo mío, mío... Sólo mío.
Si acaso de mis hijos, mis sobrinos,
mi mujer y mi tía, el Boticario,
aquel señor tan culto y el Notario,
el Profesor de Ciencias, el Médico
y el nuevo Coadjutor, ¡que ese es un santo!...
Y pare usted de contar. Mas te digo,
porque así es la receta: “Padre nuestro”.
Te lo digo en Domingo y a las doce,
minutos antes del aperitivo.
Lo dibujo en mis labios, no en mi mente;
te lo digo entre dientes, y al sonido
de oscuro y monocorde bisbiseo.

Después, quédate Tú... ¡con esa gente!


Alphonso CARBAJAL

jueves, 12 de febrero de 2009

Libro I. AMOR Y TINIEBLAS Título I. Cantos de amor y devoción Poema 19: TARDE EN "LAS ERAS", BAJO EL SOL DE JULIO

19



TARDE EN “LAS ERAS”, BAJO EL SOL DE JULIO

Está cerca la mies... Cerca el camino,
entre prados, verdes en primavera.
Su fruto, ya en sazón, busca en la era
el grano que le lleve hasta el molino.

No puede hallar el trigo otro destino,
ni su ser acabar de otra manera,
sino en el pan, sustancia verdadera
del hombre y su sudor. Fruto divino.

Recuerdo con nostalgia los cristales
pulidos y, entre tablas, mariposas
que, al volar, de la espiga eran puñales.

Aquel tiro de mulas vigorosas
que, en noria plana, trotan tan iguales...

Mis “Eras de Renueva”... ¡eran hermosas!


Alphonso CARBAJAL

miércoles, 11 de febrero de 2009

Libro I. AMOR Y TINIEBLAS Título I. Cantos de amor y devoción Poema 18: OTRA VEZ AQUEL RÍO

18


OTRA VEZ AQUEL RÍO

En tus quietos remansos, viejo Río,
tus aguas, con el sol, mi piel besaron.
Mis pies, de tus arenas se impregnaron
cada día de Julio, en pleno estío.
Tu cauce inhiesto, henchido por el frío
del crudo invierno, cual de plata un puente,
muchas veces crucé. De aquella fuente
que, entre chopos vertía tus latidos,
muchas veces bebí. Y en mis oídos...

aún suena la canción de tu corriente.

Alphonso CARBAJAL

martes, 10 de febrero de 2009

Libo I. AMOR Y TINIEBLAS Título I. Cantos de amor y devoción Poema 17: TODO ES Y NADA CAMBIA

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TODO ES Y NADA CAMBIA

Lo que puede pasar, pasa.
Si nada es nuevo, todo es
y, desde siempre, es eterno.
Si no es hoy, será mañana.
Cambian los tiempos e ideas
y otros cauces siempren ofrecen
nuevos rostros que aparecen.
Los hechos, siempre son viejos,
y son los mismos de siempre,
si no miramos de lejos.

Todo es y nada cambia
y, si cambia, es que no es.
Y cuanto no es, pasa,
aunque mil años perdure.
Pasarán las ilusiones;
pasará el viento que arrasa
del corazón las pasiones.
Pasarán “las procesiones”
en cada Semana Santa,
recien nacida la flor.
Pasará la sinrazón,
que la razón descalabra.
Y pasarán las traiciones,
mas no pasará el amor.

No pasará la Palabra.


Alphonso CARBAJAL