miércoles, 25 de febrero de 2009

Libro I. AMOR Y TINIEBLAS Título II. Cantos de dolor y aflicción Poemas 21 (NADA) y 22 (ANGUSTIA)


21

NADA

Sin ver la luz del sol, ando el camino
en la prisión del alma soberana.
Con la luna regreso, entre el gentío.

Las horas cruzan lentas, sin destino,
en un reloj de arena que desgrana
cada soplo de ser, mudo y vacío.

Ayer, igual que hoy... y que mañana.




Noviembre de 1993
Penal Socialista de Las Caracolas,
al Alba


22

ANGUSTIA


Ese sentir tan temido,
tan adherido a mi entraña;
ese zarpazo que araña
bajo mi piel el sentido.
Ese profundo latido
que bronco salta en mi pecho;
ese clamor hasta el techo
del cielo que - sin ver- miro.
¡Ese angustioso suspiro
del alma en un puño estrecho...!


Noviembre de 1993
Penal Socialista de Las Caracolas,
al Crepúsculo
Alphonso CARBAJAL

martes, 24 de febrero de 2009

Síntesis Final: PADRE NUESTRO (Soneto con estrambote)

PADRE NUESTRO


Tantas veces, te dije Padre mío,
que Padre nuestro, a Ti, mi voz hoy clama
y, en mi voz, siento arder también la llama
del fuego de mi pecho, ayer vacío.

Aunque estás en el Cielo, aquí porfío
el Reino que la Tierra te reclama:
tu Justicia, Señor, que amor inflama,
tu Vida y tu Verdad... ¡En Ti confío!

Glorificado sea tu nombre santo
si, cuando parta el pan, mi pulso es fuerte.
¡Perdóname!,... si te he ofendido tanto,

como a otros yo perdono de igual suerte.
Y, si librarnos no puedes del llanto,
¡líbranos ya, Señor, de eterna muerte!

Te lo pido por nuestra santa Madre
que, amorosa, nos besará en la frente.
Alphonso CARBAJAL


A cuantos, además de hombres, tratan
de ser cristianos y, muy en
especial, a mí mismo

Libro I. AMOR Y TINIEBLAS Título I. Cantos de amor y devoción. Poema 20: PADRE NUESTRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN EL CIELO? (X)

X
Negrita
AMÉN

Amén, Señor, es “así sea”.
Pero, “así sea”, solo con palabras,
es un amén que suena... a "que no sea".
Las palabras... el viento se las lleva.
Habrán de ser mis hechos, mis amores,
los que amor pongan sobre las palabras
y de palabras hagan nacer flores
en duro pedregal, yermo y vacío.
Que, sin dar fruto, se secó la higuera
y “por sus frutos” Tú has de conocernos,
Que no es decir “Señor”, lo que habilita
para entrar en la entraña de tu Reino.
Ni decirlo con métrica... tampoco;
ni tener fe, para mover montañas,
pues ya dijo Santiago, en esa carta,
que fe, sin obras, “es fe muerta”.
Yo quiero, vivir, Señor, quiero cantar;
también, quiero cantarte y bendecirte.
Mas sobre todo, Señor, quisiera amarte,
llevando al que en la vida me acompaña.
El amor es amor, no son palabras,
aunque palabras diga para amarte.
Ni sólo Misas, o “genuflexiones”...
Ni aún con ellas, Señor, será bastante
ni, sin ellas, tampoco insuficiente.

“Nadie Te ha visto” y, si “amor eres”,
tan solo amor podrá ser suficiente.
Que no es de aquí mi canto y mi lamento,
ni aquí quiero cantar ni lamentarme.
Donde quiero cantar, es en tu Reino
y, pues -dices- “padece violencia”,
por Él, en el amor, he de matarme.
Para que vivan otros, suicidarme
con amor, alumbrando su alegría.
Que alguna vez, al terminar el día,
más bien “a la caída de la tarde”,
sólo de amor habrás de examinarme.
Ni más crímen has de reprocharme,
ni por otro delito has de juzgarme...

Me despido, Señor... Ya que te canto,
resumo, al fin, mi canto brevemente.
Y en oración, mi canto ha tornarse,
(en la plegaria que Tú nos enseñaste).
Mas, si ha muerto ya el “hombre viejo”
y, si muerto, “el nuevo" ya ha nacido,
he de cantar, y canto, más que escribo,
un nuevo y renovado “Padre Nuestro”.
Nuestro, nuestro, Señor... ¡No solo mío!



Alphonso CARBAJAL

lunes, 23 de febrero de 2009

Libro I. AMOR Y TINIEBLAS Título I. Cantos de amor y devoción Poema 20: PADRE NUESTRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN ELCIELO? (IX)

IX

LIBRANOS, SEÑOR, DE TODO MAL


¡Cuántos males, Señor...!
¡Cuántos me acechan!... Se ciernen sobre mí,
agitando en la noche mis temores.
¿De todos ellos Tú querrás librarme?
¿De esa horrible jaqueca que yo tengo,
casi siempre, y del dolor de espalda?
¿Hasta de esos, que son males menores
por mucho que molesten y quebranten?...
No te pido, Señor, me libres de esos,
ni aún de otros, que son mucho mayores.
Los sufro, sin dolor, aunque me duelan.
Con alguna aspirina y un ungüento
voy paliando los males de este cuerpo...
Los del alma, Señor, son los que cuentan
y -en el alma- también los corporales,
pues alma y cuerpo, que son la misma cosa,
yuxtapuestas no están, que están mezclados.
“¡No tengais miedo!”, decía tu Vicario,
tu Sumo Sacerdote, aquí en la Tierra...
Pero él era hombre santo y Santo Padre;
tomaba tu valor, cada mañana,
y lo entregaba a este mundo por la tarde.
Yo, sólo estoy aquí y él era en Roma;
vestía de blanco puro y yo de estambre.
Él, era fortaleza. Yo... soy miedo
y, a mi miedo, gritan todos los males.
La Caja de Pandora, si se abriera,
no podría albergar tantos contrarios.
Miedo a vivir, miedo a dejar de hacerlo;
miedo al riesgo, a la naúsea y a la angustia;
miedo al placer y miedo al sufrimiento,
al dolor, a la dicha y al conflicto;
a estar aquí y allá, sin fundamento.
Miedo a la enfermedad, miedo a la muerte;
al ser, a la existencia y... a la nada.
Ya son tantos mis males, no podría
pedirte, mi Señor, que me libraras
de este o aquel, todos al mismo tiempo...
Y tan solo de un mal quiero me libres:
Pues, sea pronto, sea tarde -o sea mañana-
de la muerte ni Tú puedes librarme
(porque quisiste ver la misma suerte),
si de muerte en la tierra no me libras...
¡líbrame, Señor,... de eterna muerte!




Alphonso CARBAJAL

sábado, 21 de febrero de 2009

Libro I. AMOR Y TINIEBLAS Título I. Cantos de amor y devoción. Poema 20: PADRE NUESTRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN EL CIELO? (VIII)

VIII


NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN

No nos dejes, Señor,
que en ella perecemos y, del riesgo
advierte con prudencia tu Escritura:
Si, temerarios, el peligro amamos,
en él, sinduda alguna, perecemos.
Mas, ¿cuál es el peligro, cuál el riesgo?
Tal vez, aún se dice y con razón,
que son la carne, el mundo y el demonio,
del alma los mortales enemigos.
Tú, hablaste de la carne y del espíritu;
el último "está pronto", la otra "es débil".
Pero, Señor, en esto de "la carne"
(¿no se podría decir ya de otra manera?)
tengo yo algunas dudas. Pues no todas
"las carnes" son iguales, ni ellas todas
colgarse pueden "en el mismo gancho".
Ninguna de ellas es especialmente
más o menos "carne"...
¿No será acaso lo del Sexto...?
¡qué estragos hizo eso, en su momento,
y sacó tantas cosase su quicio...
¿Tan sólo carne es "eso"?

¿Acaso es meos carne "el dividendo",
que el banquero idolatra y al que adora?
¿Cuál es la "tentación" del poderoso
que en el poder se mira, con él sueña
y del poder hace esclavo a quién lo sufre?
¿Acaso es menos carne el egoísmo,
que sólo para sí las cosas quiere?
La gula, la avaricia, el despotismo
de la soberbia, que a humildad humilla.
La vanidad, que inflama alma en vacío;
la envidia, que corroe el alma misma...
Que siete son los vicios de la carne
y no uno sólo... Amor sólo concupiscente
no es amor -quizá- pues, desde luego,
el amor ha de ser benevolente.
Tú, bien sabaes de Amor, ya que lo eres;
lo creas, nos lo das y lo transciendes;
lo elevas de contrato a sacramento...
Que el hombre y la mujer, nos dice Pablo,
han de ser dos en uno, y la simiente
del fruto del amor, de la esperanza
de renovada fe... Y -según Juan dice-
de lus, en la Luz que vino al mundo.
No me digas que algo tan "transparente",
como la pura luz que el sol imparte,
es ocasión de yerro y desvarío.
Eso, no es tentación. Es... "monumento"
de tu gloria, de tu gusto, de tu artes...
Que todo amor, Señor, es sacramento
y basta para ello, en un instante,
ser libre, consciente, sin dislate,
sin instinto de selva y ningún daño.
Qué no sólo "palabras de presente"...
Y canonista soy... Mas, sobre el canon,
está siempre el amor, si es transparente.
Apártame, Señor, de tentaciones,
pero no del amor, si a nadie hiero,
que en el amor vivo, por el muero
y por él y en él, Tú nos creaste.
A pesar de estar muertos, nos salvaste
por la Mujer y obra del Espíritu
y, en una cruz, a todos nos amaste.
Que, Tú eres Dios y yo... tan sólo un hombre,
y carne soy -no sólo espíritu-
pero tu propio Espíritu en mi carne.

¿El mundo...? Ahí está, en la ventana
de ese televisor, desde el que miro.
No salgo de mi cueva, y lo que veo
(¡qué codas veo, Señor, cómo está el mundo!)
casi siempre me aburre, no me tienta,
y si me tienta, "cierro la ventana".
Que el mundo no soy yo, yo no soy mundo,
sólo soy "yo" -sin ser- ya que mañana,
de la vida siguiendo la corriente,
con el tiempo, y en forma soberana,
el "yo" que soy, será "Yo" transcendente.
En Ti... estoy yo, Señor. Ahí... está el mundo.

¡El demonio...! Curioso personaje...
Si es preciso, escribo con mayúscula
Satán, Luzbel, "Perico", Belzebú,Pero Botero ó Mefistófeles
(que todos esos nombres son ilustres y... castizos)
Pero... ¿qué es "el demonio", Señor...? ¿No soy
yo mismo, cuando de Ti me aparto y
me separo...? Mas, si en Ti permanezco,
el enemigo es nada. Que, contigo,
en mí no cabe ya ningún demonio.
No quiero que tu Iglesia me excomulgue,
pues es tambíén la mía, y obedexco...
Mas... ¡líbrame, Señor, de mi egoísmo!,
que del "demonio", librarme... sé yo mismo.


Alphonso CARBAJAL

jueves, 19 de febrero de 2009

Libro I. AMOR Y TINIEBLAS Título I. Cantos de amor y devoción Poema 20: PADRE NUETRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN EL CIELO? (VII)

VII

PERDONA NUESTRAS OFENSAS...
¿CÓMO PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN?


¿Igual?. Siendo así,
perdóname, Señor, cuando te ofendo;
perdona, por favor, pero no olvides,
que cuando yo "perdono" a quien me ofende
perdonar siempre quiero, mas no olvido.
Y, si has de perdonar de igual manera,
del mismo modo con que yo perdono,
justo habrá de ser -puesto es recíproco-
que no pida de Ti perdón distinto.
Mas, si como perdono me perdonas,
sin que al perdonarme ofensa olvides,
¿qué podrá ser de mí, si así perdonas?
¡Que podrá, así, ser de mí, Dios mío...!
Quizá también, Señor, a veces pasa
que olvido al ofensor y hasta la ofensa,
la desprecio, la ignoro, lo razono,
me tiene sin cuidado, en apariencia,
pero, si a recordar vuelvo... ¡no perdono!
Del perdón, he hecho yo pasivo juego:
Si perdono -pues grande es- no olvido
y si -cómodo- olvido, no perdono.
Perdonar, es cristiano... Olvidar, "tonto",
que Tú dijiste fuéramos hermanos,
pero nunca jamás dijiste “primos”.
¡No sabes cómo soy, cómo las gasto...
a mí, el que me la hace, me la paga!...
Soy muy listo... no soy ningún “pardillo”,
soy un lince, a mí "no me la da” nadie.
¿Perdonar, yo?... ¡No me da la gana...!
Mas, Señor, soy así... Tú, bien lo sabes.
Pedir no puedo, por ello, me perdones
como perdono yo, que no perdono,
sino como perdonas Tú:
Setenta veces siete...
Gracias, Señor, pues sólo de este modo,
podré tener de Ti visión un día.
Mas te prometo -insisto, te lo juro,-
ya que es difícil deje de ofenderte,
perdonar, de verdad, si alguien me hiere.
Perdonar... es amar. El más sublime
amor de cuantos haya. Amar al que me
ama, no es gran cosa. Tú lo dijiste.
Mas, a aquel que me maldice,
me persigue, me aruina y hasta me odia,
no sea mi impiedad la que le ofrezca,
sino el amor de tu misericordia
y con ella el perdón que Tú me ofreces.
Perdón siempre, Señor -a mí y a todos-
y más a mí, si a todos yo perdono.
Gracias, Señor, que tantas veces me amas,

Gracias te doy, pues me has amado tanto.

Alphonso CARBAJAL

miércoles, 18 de febrero de 2009

Libro I. AMOR Y TINIEBLAS Título I. Cantos de amor y devoción Poema 20: PADRE NUESTRO, ¿POR QUÉ ESTÁS EN EL CIELO? (VI)

VI

DANOS HOY EL PAN DE CADA DIA

El pan caliente que amasa el panadero,
crujiente y aromático alimento,
que nutre, que sostiene, que se parte.
Que congrega, que une, que hace humanos...
¡Que olor a pan, Señor, a pan caliente!
Tú lo partiste y lo diste aquella vez...
¿Recuerdas?... Ya lo creo... Fue ese día...
Tu palabra, en la falda de aquel monte,
golpea mis oídos todavía.
La gente te seguía y tenía hambre
y Tú les diste... pan y algunos peces.
Y, con el pan, les diste tu palabra.
Da hoy tu pan al mundo, aunque te olvide,
pues tal vez, sólo así, podrá seguirte.
¡Danos el pan, tu pan, el pan de siempre!
Te pido sólo el pan de hoy. Mañana
otro día será... ¿Habrá mañana?
Mas, dame sólo pan, que es suficiente.
No quiero más que un trozo... Acaso vino,
que alegre un poco el corazón. Pues -triste-
recuerdo aquello, que un niño te decía:
"Da, Señor, pan a los que tienen hambre
y hambre de Ti a los que tienen pan"
.
Hoy, tengo pan, Señor. Te doy las gracias,
pero, ¿también tengo acaso tanta hambre?
Quizá podrías hacer que mi pan parta
como solías Tú... Tal vez con eso
recuerde yo también cómo lo hacías.
Eso fue en Emaús, si no me engaño,
mas, ¿tendré pan para todos?. ¿Sabes, Señor?...
Tus hijos pasan hambre. Hambre, sí,
las dos terceras partes de la Tierra.
Sin nevera, despensa y micro-ondas,
se arrastran en la arena del desierto,
allá en el África... En los suburbios de
Sao Paulo, de Calcuta, el Altiplano...
También aquí, Señor... ¡Aquí en mi barrio!
Este pan que me das, ¿podré tomarlo,
antes de ir a dormir, y estar tranquilo?
¿Acaso, mi Señor, no me hará daño
la mirada, sin pan, de tantos niños?
Y, ¿si rezo un rosario y voy a Misa,
y te ruego por ellos, con jaculatorias,
y estudio tu Palabra y profundizo
en las altas verdades de los dogmas?...
¿Quizá así, Señor, tendrán pan ellos?
Tal vez, haya de hacer bien mi trabajo,
buscar la técnica, la obra bien hecha,
"enseñar a pescar"... ¿Podré ya entonces
quedarme con mi pan, con mis tres casas,
el producto del fondo de inversiones,
la renta de la tierra, la cosecha
y el sueldo de Jefe de la Fábrica?
Así, Señor, mi alma está tranquila.
¿Qué más puedo hacer ya por tu miseria...?
Sólo mis oraciones de la noche,
algún "retiro", al fin de la semana,
"la visita", la plática y el rezo

del "Ángelus" mediada la mañana.


Alphonso CARBAJAL