Aquella calle, aquel sitio, aquel día... No entiendo lo que pasa... ¡Me hacen cantar! Siento rubor... Entre la suya, obesa. tomó mi mano... ¿Sería un juego de azar? No recuerdo la canción. Yo, ya no sé; nunca la supe, ni oírla quise nunca. Moví los labios... El alma estaba quieta, ausente, triste. No estaba en el lugar. ¿Por qué? ¿Por qué estaba yo allí, aquel día? ¿Tan sólo por vivir, sin esperar que a mis pies pusiese alguien camino? Mas, ya dijo un gran poeta, en su cantar: "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar"
Me fuí un día de Marzo, a media tarde, cuando en aquel reloj eran las dos. Tal vez, huía... ¿Acaso había razón? ¿Qué puede hacer, acaso, un alma tensa, cohibida, triste, sin rumbo ni ilusión; perdida en la distancia, en los afectos, hallada entre los brillos de neón? Casi nadie me vió. Eran las dos. Los que latían bajo el mismo cielo, no pudieron sentir que, con dolor, otro cielo camabiaba mil reflejos, grises, pardos-hostiles-y el verdor de las dulces montañas, aún de plata, en ocre y siena tornaba su color. Volaba-mas sin alas-por la estepa reseca, dura. Atrás el corazón... No quisieron los álamos del río; ni la torre en que estaba aquel reloj; ni el vecino que vi por la mañana; ni el amigo que vino a la Estación, no lo quisieron, no, no lo quisieron... No quisieron jamás decirme adiós. Yo lo dije, por todos, sin decirlo y, sin decirlo, lo supo el corazón. Aquí estoy. Confieso que he vivido. Si he de vivir mañana... ¡sabe Dios! Anoto aquel latido en la memoria que, a las venas, envía con tesón. Mas, maldigo el minuto y el segundo que cuenta y que controla otro reloj.
¿Y qué tengo? Sólo tengo el recuerdo,
la memoria, el dolor y una canción...
Porque el reloj del alma se detuvo
cuando, al partir, en él eran las dos
Palabras, no... Tan sólo sentimiento, que vuela con acento de ilusiones. Mariposa que bate en el verano, movida por su aliento, blancas alas. Caminante, buscando los colores que pinta, tras la lluvia, el Arco Iris, de sueños, de destinos y de amores que vuelan entre flores, como el viento, y como el viento mueren, sin palabras, como mueren del hombre las pasiones... Ocaso tibio y gris, en grises sienes. Arrugas, como surcos, en la cara; heridas en el bronce de las manos, girones y arañazos en el alma. Tan sólo amor, sin odios ni rencores. Tan sólo sentimiento... sin palabras.
Sobre Alphonso Carbajal:
ALPHONSO:// Rey de León (1065) ANTES QUE de Castilla (1072-1109. Hijo de Fernando I, recibió el Reino de León, su hermano García, Galicia y el primogénito Sancho, Castilla. A su hermana Urraca, le fue legada la plaza de Zamora. Sancho, no acepto el testamento de su padre. Desposeyó con facilidad a García y después de las batallas de Llantada (1068) y Golpejera(1072) ocupó el Reino de León. Alphonso, fue encarcelado en Burgos, de donde logró fugarse, y se refugió en el reino musulmán de Toledo, en la Corte del Rey moro Al-Mamún. Después de la muerte de Sancho, a manos del caballero zamorado Bellido Dolfos, durante el sitio de Zamora. Alphonso recuperó la corona leonesa y fue reconocido como Rey de Castilla.
CARBAJAL:// De carba, roble > carvallar, carvalleda, carvalledo, carvayo, carvajo, carvajal. Robledal, robledo, sitio poblado de robles de gran extensión// DE LA LEGUA. Pueblo de la Provincia y Reino de León, a una legua de la Capital (5.555 m. y 55 cm.), donde se oye "campana de prima", cuando suenan las de la Catedral.